Nutrición en la esclerosis múltiple


La alimentación ocupa un lugar fundamental en la actividad de los seres vivos y no existe la vida sin la misma. Hay datos científicos que atribuyen a los nutrientes determinadas propiedades biológicas, desde antioxidantes hasta mediadoras del sistema inmune. El ocasional potencial de algunos nutrientes sobre la EM es comentado y a pesar de la ausencia de datos totalmente definitivos puede ayudar al familiar y al paciente con EM a organizar mejor su despensa. Es preciso subrayar que uno de los artículos científicos con mayor repercusión sobre la comunidad neurológica dedicada a la EM publicado en el año 2012 versa sobre cómo la flora intestinal es capaz de modular el sistema inmune y eventualmente modificar el curso de la enfermedad.

Cada vez es mayor el número de ensayos clínicos o proyectos de investigación sobre los hábitos alimenticios de los pacientes con EM. Algunos trabajos han mostrado gran incidencia de obesidad y sobrepeso en pacientes con EM, sin diferencia de género. Por el contrario, en otros se concluye que es frecuente la pérdida de peso, aunque no se ha determinado su caso. Evidentemente, la proporción de pacientes con desnutrición y pérdida de peso se incrementa con la discapacidad. A medida que ésta avanza es importante que la dieta se diseñe en función de las necesidades de cada persona. La desnutrición debida a una alimentación inadecuada origina un trastorno del sistema inmune, que afecta a la función mental y a la fuerza de los músculos respiratorios, contribuyendo a la pérdida de masa muscular y a la aparición de espasmos debilidad y fatiga. También pueden aparecer entre otros síntomas temblor, problema de visión depresión y úlceras por presión.

Se ha probado que la ingesta de carbohidratos aumenta los niveles de insulina estimulando la expresión de moléculas inflamatorias; por lo tanto, sería recomendable que en la dieta de pacientes con EM la introducción de hidratos de carbono fuera moderada. En el caso de pacientes con disfagia el soporte nutricional requiere un enfoque multidisciplinar con la intervención de un neurólogo, un especialista en nutrición, un logopeda y personal diplomado en enfermería, a fin de realizar una evaluación integral y desarrollar un plan de rehabilitación y educación.

Avances

En los últimos años se ha dado un paso adelante para demostrar la influencia de la nutrición sobre el curso de la EM evaluando la seguridad y eficacia de los nutrientes y de los suplementos dietéticos a nivel molecular. Existen varios compuestos naturales que pueden interferir las señales celulares, contrarrestando el estrés oxidativo y la producción de moleculares inflamatorias asociadas a la EM: los polifenoles y los carotenoides los ácidos grasos poliinsaturados (AG-PI) y la vitamina D, entre otros.

LOS POLIFENOLES Y CAROTENOIDES son moléculas bioactivas que se encuentran en las verduras, frutas, especias plantas medicinales, vino y otras bebidas a base de frutas. Estas sustancias son bien conocidas por su función antioxidante disminuyendo la aparición de radicales libres. Según su estructura se pueden clasificar en flavonoides y no flavonoides. Los flavonoides se citan la quercetina abundante en los vegetales frutas y plantas medicinales. Está presente en cebollas, manzanas cítricos, avena, ginko biloba, té verde, aceite de oliva y en el vino. Tiene propiedades antiinflamatorias, inmunomoduladoras y antivirales. El resveratrol se encuentra en el vino tinto, chocolate cacahuetes, fresas y uvas negras. Tiene un efecto neuroprotector y antiinflamatorio además de poseer propiedades anticancerígenas y de protección cardiovascular. La curcumina es un colorante natura que se extrae de la cúrcuma, especia obtenida del rizoma de la plata del mismo nombre. Tiene propiedades antiinflamatorias y neuroprotectoras. El hidroxitirosol es un alcohol abundante en las aceitunas verdes y en el aceite de oliva virgen. Las catequinas están presentes en las hojas del té verde y tiene propiedades antiinflamatorias, antioxidantes y anticancerígenas. La genisteína está presente en la soja y sus derivados que frena la expresión de moléculas proinflamatorias, y también en menor medida, en los garbanzos. El licopeno tiene una mayor potencia antioxidante que la de las vitaminas A y E con propiedades anticancerígenas. Se encuentra en el tomate, así como en la sandía, albaricoque o del pomelo rosado.

ACIDOS GRASOS POLIINSATURADOS (AGPI) el cuerpo humano no puede sintetizar algunos de los AGPI, los llamados AGPI esenciales, por lo que éstos tienen que ser aportados mediante una alimentación adecuada. Entre ellos destacan los del grupo Omega 3 AGPI-O3 y los del grupo omega 6 AGPI-O6. En el grupo AGPIO3se encuentran los de procedencia vegetal presente en las semillas del lino, nueces, almendras, aceite de soja, espinacas, pepino, fresas, piña…. y los de procedencia vegetal que se encuentran en el pescado, como el salmón y otros pescados azules, como la caballa, el atún, sardina o anchoa. Muestran propiedades antiinflamatorias y antitrombóticas, así como funciones inmunomoduladora antioxidante y neuroprotectora. Los AGPI-06 se obtienen a partir del aceite de semillas de borraja o de onagra. También las encontramos en los ajos, zanahorias, aceite de sésamo, nueces, aguacate, aceite de girasol, coles de Bruselas.la utilización de aceite de oliva resulta idónea por su relación entre grasas saturadas e insaturadas.

VITAMINA D la fuente principal de vitamina D es la radiación ultravioleta de los rayos del sol. Los rayos penetran en la epidermis de la piel y son absorbidos por una provitamina que llega al corriente circulatorio y de allí al hígado y riñón donde es transformado en vitamina activa. Ésta se deposita en los huesos, incrementando su mineralización y en el intestino, incrementando la absorción de calcio y fósforo para el crecimiento y desarrollo normal de los huesos. El organismo puede sintetizar vitamina D a través de otras fuentes menos importantes como pescados grasos salmón, atún, arenque, sardinas, leche, quesos y yema de huevo. En la década de los 70 se realizaron diferentes estudios de epidemiología analítica buscando una correlación entre dieta y EM. En la mayoría de ellos se encontró que había una relación entre el déficit de vitamina D y la enfermedad. Se han realizado numerosos estudios que aunque han aportado un descenso en la tasa de recaídas, no hay pruebas concluyentes que ratifiquen el papel de esta molécula como tratamiento modificador de la historia natural de la EM. En cualquier caso, en el momento actual la vitamina D es una de las moléculas naturales más prometedoras para el tratamiento de la EM, de ahí que se persista en esta línea de investigación.

Como conclusión, en los últimos cincuenta años se han realizado numerosos trabajos en los que se ha considerado la dieta como un posible factor de riesgo para la EM aunque ninguno de ellos ha podido demostrarlo con una metodología adecuada. Sin embargo, gran número de pacientes con distintos tipos de EM presentan diferentes trastornos de la nutrición, que van desde la pérdida de peso hasta la obesidad ligada a dietas ricas en calorías y mal reguladas. Por eso, se recomienda una alimentación variada rica y equilibrada incluyendo verduras, legumbres, lácteos, huevos, arroces integrales, frutas frescas de la temporada, frutos secos, pescados azules y salmón y las carnes poco grasas como el pavo y el pollo sin piel o la ternera. Se aconseja beber al menos un litro de líquidos al día y utilizar el aceite de oliva virgen de modo regular. De infusiones mejor el té verde, y el café sólo es recomendado tomar dos tazas al día. Y por supuesto hay que evitar toda la bollería industrial fuente de grasas saturadas así como pasteles y galletas de grasa animal. También las bebidas azucaradas hay que evitarlas por su alto contenido en azúcares.


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