Brote de Esclerosis Múltiple: Síntomas más comunes


¿Qué es un brote?

Un brote se define como “la aparición de nuevos síntomas o la reaparición de síntomas anteriores durante un periodo de 24 horas o más en ausencia de un cambio importante de la temperatura corporal o de infección”.

Síntomas previos pueden manifestarse con mayor intensidad o en otras partes del cuerpo.

Durante los brotes, los síntomas suelen presentarse en periodo breves–horas o días-, y mantenerse activos durante semanas (hasta seis). No obstante, puede haber variaciones entre pacientes, ya que la enfermedad es diferente en cada individuo.

El grado de brote oscila entre leve y severo. Cuando son particularmente severos puede ser recomendable ingresar al paciente para que reciba el tratamiento adecuado, pero la mayor parte de estos episodios se manejan en el propio domicilio siguiendo las recomendaciones del equipo médico: personal de enfermería especializado en esclerosis múltiple y otros profesionales sanitarios.

Los síntomas que aparecen y desaparecen pueden ser considerados brotes en algunas ocasiones.

Verá que el personal sanitario se refiere a los brotes también con otros términos: ataque, exacerbación, episodio agudo o evento clínico.

¿Qué no es un brote?

Es bastante difícil, sobre todo durante los primeros años tras el diagnóstico de esclerosis múltiple, distinguir un brote. Así, es relativamente frecuente que en las épocas de remisión (inactividad de la enfermedad), existan síntomas que aparecen y remiten. Es algo que suele suceder con la fatiga o los problemas de equilibrio.

La presentación de nuevos síntomas puede generar estrés en cualquier momento, pero no todos los síntomas son la señal de que se está produciendo un brote.

A medida que transcurre el tiempo, los pacientes van conociendo mejor la condición y se muestran más seguros en cuanto al conocimiento de los propios síntomas.

Una recomendación común de los médicos es evitar culpar de todo a la esclerosis múltiple. Eso podría hacer que dejara de buscar ayuda médica para tratar problemas de salud que pueden no tener nada que ver con la EM.

Conozca sus síntomas- Para comprender qué es un brote o exacerbación, en primer lugar, un paciente debe conocer los síntomas de EM. Uno de los más habituales es adormecimiento o cosquilleo en las piernas y los brazos.

  • Dolor o debilidad en las extremidades

  • Problemas de visión

  • Pérdida de la coordinación y el equilibrio

  • Fatiga o mareos

En casos graves, la EM puede provocar pérdida de visión, que se manifiesta casi siempre en un solo ojo.

Criterios para determinar la presentación de un brote:

  • Han transcurrido un mínimo de 30 días desde el último episodio

  • Duran un mínimo de 24 horas

El manejo de los brotes agudos requiere un abordaje completo, que incluya además de los aspectos puramente médicos, las consecuencias funcionales y psicosociales del episodio.

En el procedimiento deben incluirse formación previa sobre cómo reaccionar ante un brote y apoyo, además del tratamiento médico para acelerar la recuperación, terapias para aliviar los síntomas y rehabilitación. Otra posibilidad es la reducción del número de brotes con el empleo de medicamentos modificadores de la enfermedad (DMD).

Factores que afectan a la frecuencia de los brotes

Existen diversos factores relacionados con la salud que influyen en los brotes. Las infecciones pueden empeorar los síntomas ya existentes o incluso desencadenar un brote. Por ese motivo, siempre que sea posible deben prevenirse y tratarse con rapidez.

La relación entre infecciones por virus comunes y recaídas ha sido descrita en varios estudios, pero éstas son difíciles de prevenir.

Otras infecciones se producen por efecto de la propia EM, como ocurre con las infecciones del tracto urinario o algunas infecciones respiratorias.

La controversia en torno a las vacunas

  • Se ha planteado la posibilidad de que las vacunas puedan desencadenar la aparición de brotes, pero es un extremo que no se ha demostrado claramente.

  • La mayor parte de las vacunas no se han sometido a estudios diseñados para hacer esta observación, y uno de los pocos que lo han hecho no encontró relación entre la vacuna y los brotes de EM.

  • En la actualidad, la mayor parte de los expertos consideran que las vacunas no están contraindicadas en personas con EM, y que los pacientes se benefician de la inmunización frente a la gripe. No obstante, otras vacunas sí pueden estar contraindicadas en función del tratamiento que reciba el individuo. Toda vacuna deberá ser considerada por el especialista que conoce al detalle su plan terapéutico.

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