Testimonio de Francisco Hierro Lavandera

Escribo estas palabras con el ánimo de ayudar a la gente afectada por esclerosis múltiple y con el deseo que se hagan todos los esfuerzos para que se investigue una solución a esta enfermedad.


Tengo mis sospechas que puede haber un factor hereditario en esta enfermedad. Mi abuelo paterno con 60 años, o quizás más, comenzó a tener síntomas similares a la esclerosis múltiple: le fallaban las fuerzas, le faltaba el equilibrio, se caía para los lados, etc.


Está bastante claro que es un virus que afecta más a las mujeres que a los hombres y quizás el factor hereditario haga que seas más vulnerable a que el virus te ataque. Todas ello son conjeturas pero yo estudié la carrera de Farmacia y tengo alguna noción todavía de mentalidad científica.


Mi enfermedad comenzó entre los 16 y 17 años, pero no era muy conocida en Canarias ni en España, dónde era más conocida es en los países lapones (Noruega, Finlandia, Islandia) ya que era tan común como una diabetes. Allí desarrollaron un sistema para la gente con un estado avanzado de la enfermedad que consiste en la muerte digna. Preguntando a personas conocedoras del tema del porqué no se ha investigado la causa de la enfermedad en estos países me han dicho que los laboratorios más fuertes están en Estados Unidos, Alemania, Inglaterra y Francia donde la frecuencia no era tanta. En los países lapones los laboratorios no tienen mucha financiación para estudiar esta enfermedad.


Cuando estudiaba Farmacia en la Universidad de La Laguna me dio un brote muy fuerte en la pierna izquierda. Entonces llamé a mi madre y acudió para buscar médico. Conseguimos que nos atendiera el doctor Togores, jefe de la Unidad de Neurología del Hospital de la Candelaria. Hizo un trabajo de diagnóstico estupendo. Luego me derivaron a otro neurólogo que no quiso recetarme el interferón, en cual ya había salido como tratamiento, ya que decía que en un caso como el mío lo mejor era esperar la cura. Yo estaba muy bien. Había hecho una terapia de ayunos en Lanzarote que me sentaron perfectamente. Todo ello está explicado en el artículo de periódico que adjunto al escrito.


Cuando volví a Fuerteventura, ya mi madre había fallecido, y la doctora Carmen Marrero me recomendó que me pusiera el interferón beta que según las estadísticas consideraban adecuado para mi caso. Estaba delgado y bastante fuerte y en principio lo rechace pero un año después decidí ponerme el interferón beta, pero no funcionó, incluso empeoré. Quizás lo adecuado hubiera sido probar cuando ella me lo dijo, aunque algo me dice que para mí esta terapia no funcionaba. El interferón en algunos casos que conozco ha funcionado bien, pero en otros no funciona. De todas maneras, es una posibilidad que si el neurólogo lo considera oportuno hay que usarlo al igual que otros tratamientos.


En una ocasión leí en la revista de EM que dos o tres días de ayunos al mes venían bien en estos casos. A mí me fue muy bien con la terapia de ayunos, a otras personas que conocí no tanto. Cada persona es mundo. Durante el tiempo que estuve tratándome con el doctor alemán que usaba la terapia de ayunos decía que uno de mis riñones no funcionaba bien y el ácido se quedaba dentro del cuerpo y no lo expulsaba. Yo creo que podía tener razón. Hoy en día todas esas cuestiones sobre el pH alcalino están de moda.




Yo recomiendo que la gente con esclerosis múltiple se mantenga delgada, tengan una vida relajada, eviten problemas y que hagan una rehabilitación que le pueda ayudar. En caso de necesitarlo que accedan también al servicio de psicología.


La rehabilitación está bien, puede ayudar bastante a llevar esta enfermedad, pero yo personalmente considero que hay que luchar para que se investiguen las causas para buscar soluciones definitivas. Ahora con la COVID-19 se ha demostrado que con grandes inversiones económicas la investigación avanza bastante en cualquier enfermedad. Por estos motivos se me ocurre que somos muchos, gente joven y válida, que tenemos familias y que nos podemos mover tanto a nivel de la calle, periódicos, internet y otros medios para exigir que se invierta y se investiguen soluciones para la esclerosis múltiple.


Esta ha sido mi experiencia y quiero compartirla para intentar poner mi granito de arena y ayudar, dentro de lo posible, a los afectados por esta maldita enfermedad. Sé que algunas personas al enterarse de la dureza de la enfermedad han decidido “abandonar”, no ha sido mi caso. Conozco gente que ha seguido luchando y está ahí. Lo importante siempre es luchar y no sé si por ingenuo, siempre he tenido la ilusión de que apareciera algo que me salvara de esto.


Dentro de la enfermedad que me ha tocado me puedo considerar un poco afortunado. Con gran esfuerzo he podido realizar una vida con cierta normalidad. He podido tener una familia con un hijo, buenos amigos, culminar mis estudios y trabajar.


En cierta ocasión al comenzar mi patología leí un libro, que ahora está disponible en internet, escrito por un afectado en el cual decía que lo peor era ver como otras personas avanzaban en sus trabajos y en su vida cotidiana y tu te quedabas estancado. Esa es una de las grandes tragedias de esto.


Me gustaría agradecer a las personas que han estado conmigo durante todo este tiempo, mi familia que me intento ayudar, a mis cuidadores, Juana María, que lleva once años conmigo como una cuidadora excelente, Raúl, Ariany y Mary. Al personal sanitario que me ha atendido estos años, Juan Pedro y Rosa. También quiero agradecer a “El Chino”, Iraido, Roberto, Juan Miguel, Fermín, Gregorio, Fabiola, Pepa “Catalina”, Pepa “Rizos”, María Antigua, Macarena, Emiliano, Carmelo el pescador y en definitiva a muchos más que se me escapan. Ha sido fundamental mi hijo Francisco y la ilusión que ha supuesto el verlo avanzar día a día. Quiero rememorar la memoria de mi madre que tanto me ayudó y de Carmelina, mi tía abuela.


Gran Tarajal, 26 de enero de 2021

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